En Japón, la forma de tomar decisiones en una empresa no es tan directa como en Occidente. Allí existe un proceso llamado Ringi, que podría describirse como una coreografía silenciosa en la que todos los miembros de una organización tienen voz, aunque nadie alce demasiado la voz. Este método, profundamente enraizado en la cultura japonesa, busca lograr el consenso antes de actuar, evitando conflictos y asegurando que una decisión cuente con el respaldo de todos.
Una de las razones por las que el Ringi es tan valorado está relacionada con el respeto casi reverencial que existe hacia el líder o las figuras de autoridad en Japón. En muchas empresas japonesas, se considera de mala educación contradecir directamente al jefe o cuestionar sus ideas en público. Por eso, el Ringi se convierte en una especie de vía diplomática: en lugar de decirle al CEO o al directivo “no estoy de acuerdo”, se escribe la opinión en un documento (Ringi-sho) que circula entre los departamentos.
Este proceso contrasta fuertemente con el estilo de toma de decisiones en países como Estados Unidos, donde la jerarquía está más marcada pero también existe más libertad para discutir o cuestionar al jefe. La rapidez y la eficacia son más valoradas que el consenso, lo que puede llevar a que una decisión se tome en cuestión de horas.
Por otro lado, en países nórdicos como Suecia o Dinamarca, las jerarquías son muy horizontales y existe una cultura de debate abierto donde cualquiera puede opinar sin que eso se interprete como una falta de respeto. A diferencia del Ringi, que se apoya en documentos, en Escandinavia se privilegia la transparencia directa.
La fortaleza del Ringi radica en que las decisiones resultantes suelen estar bien pensadas y tienen un alto grado de aceptación. Cuando una propuesta llega a la fase final, ya ha sido analizada desde muchos ángulos, lo que reduce el riesgo de fallos y asegura que todos se sientan parte de la solución. Sin embargo, este mismo proceso puede ser desesperante para quienes están acostumbrados a un ritmo de trabajo más rápido, pues el tiempo invertido en circular el documento y reunir opiniones puede ralentizar proyectos urgentes.
Aun así, el Ringi no es solo un método administrativo, sino un reflejo de la mentalidad japonesa. Es una forma de proteger la armonía del grupo, de evitar confrontaciones directas y de garantizar que el respeto hacia el líder no se rompa, pero sin renunciar a que todos tengan algo que decir. Es como un puente entre la tradición y la modernidad: silencioso, formal, pero al mismo tiempo profundamente democrático, aunque a su manera.