El arte dramático de la educación
Educar es un arte dramático. Más que leyes o manuales hace falta un sexto sentido para intuir cómo hacer brillar lo más noble de cada persona. Eso es un arte. Sobre el drama poco he de añadir, basta con preguntar a cualquier maestro que pasa una jornada laboral en el colegio.
En este arte dramático, hay una etapa muy singular caracteriza por el descubrimiento de la justicia. Los niños captan un sentimiento de justicia, de agravio, de derecho (aunque no siempre de obligación), de equidad e igualdad y pocas veces de magnanimidad. Cierto es que esta justicia ha de ser educada y elevada para pasar de la ley de talión a la ley de la restitución. En vez de quedarnos los dos tuertos buscar caminos para restituir y reparar el daño realizado.
Curioso es como cualquier educador en su aul...









