Facendo Camiño

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Joan García Almeda

Va llegando esa época del año tan querida por unos y maldecida por otros. Y es que hay tantas personas deseosas de que llegue la primavera como tantas otras que solo esperan que pase rápido. Hay muchos que desean ya ver los lirios del campo, y muchos otros que solo pueden agobiarse al pensar que van a tener que comprar antihistamínicos en la farmacia. 

Pero si hay algo curioso de esta estación es que aunque esta etapa del año tiene un día en el que empezar y otro en el que acabar, su llegada es un auténtico misterio. No es raro, por ejemplo, que después de semanas de frío y mal tiempo, aun faltando días para que llegue la florecida estación, la creación deje entrever finos esbozos de ella.

La primavera no llega de un día para otro, sino que, como muchas cosas en la vida, se va dando poco a poco. Y es que esta paradoja que se da en la naturaleza es algo que también ocurre en la vida de cada uno. Del mismo modo que uno puede hallar una flor en un campo cubierto de escarcha o sentirse acariciado por los rayos del sol en el mes de febrero, uno puede sentirse amado en medio del sufrimiento absoluto.

A lo largo de la vida, uno atraviesa tormentas y se pregunta por qué debe soportar el frío. Pero es en medio de esas contrariedades en las que uno vive donde de repente, cuando uno está a punto de tirar la toalla, resuena el canto de un pájaro anunciando la vida antes de que el invierno termine.

Esos días o momentos ‘preprimaverales’, que ayudan a no rendirse y recobrar el ánimo, suelen llegar de manera sutil. A través de algo que a uno le dicen, a través de algo inesperado que a uno le sucede o simplemente a través de contemplar la belleza. Todo esto son signos de amor que uno puede recibir para recordar que, aunque el invierno no haya terminado la primavera volverá a florecer.

Y es que como dicen los gallegos las cosas de la vida se solucionan “facendo camiño”. Es decir, durante el proceso. Poco a poco. Sin querer que la primavera llegue de la noche a la mañana. Esperando. Observando los anticipos que ella regala. Y un día, después de que uno haya pasado frío y haber visto granizo destrozar el césped de su jardín, podrá mirar y descubrir que la primavera llegó sin avisar.

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