El escándalo de un Dios que «parece» fracasar

Jesucristo fue llevado como cordero al matadero, sin resistirse. No buscó dominar el sufrimiento, sino aceptarlo. No quiso aguantar para fortalecerse, sino morir para salvar a la humanidad. No se mostró fuerte, sino débil y frágil.
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Joan García Almeda

Hoy en día existen varias aplicaciones que le permiten a uno deslizar su tiempo a la basura mirando vídeos cortos. Yo, como hijo de mi tiempo, no puedo decir que sea algo que haya hecho pocas veces. Y lo peor de perder el tiempo con estas tragaperras del ocio es que, al terminar, uno no recuerda nada de lo que ha estado viendo durante tanto rato.

Por el contrario, sí puede percibirse claramente las trampas que pone el algoritmo para mantenernos en ese bucle infinito: recetas de platos, rutinas faciales, coreografías, gente hablando con un micrófono delante…

Pero si hay una temática especialmente destacada —y en la que muchos caen— es esa en la que un hombre musculoso habla sobre productividad, éxito, dinero y esfuerzo, con música motivacional de fondo.

Que el algoritmo tiente al personal con estos mensajes no es algo baladí, sino un síntoma de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad que cree que la vida es un Excel y que dormir ocho horas es para débiles. Para estos pseudoestoicos, todo es fruto del esfuerzo y, actuando así, lograrán ser dueños de su propio destino.

Y hablo de esta corriente de pensamiento, tan presente hoy, porque este Viernes Santo se nos predica todo lo contrario. No se nos habla de no fallar o de no rendirse, sino de abrazar y entregarse a la cruz.

Jesucristo fue llevado como cordero al matadero, sin resistirse. No buscó dominar el sufrimiento, sino aceptarlo. No quiso aguantar para fortalecerse, sino morir para salvar a la humanidad. No se mostró fuerte, sino débil y frágil.

Y es que lo que hoy se celebra es un escándalo para el mundo. Hoy se nos invita a amar nuestra cruz, aquello que nos hace sufrir, sangrar y llorar. Aquello que nos mata.

Por eso, si hoy te sientes abandonado o traicionado, si crees que tu sufrimiento no tiene sentido, si te sientes tentado a renegar de tu historia, si piensas que ya no hay nada que hacer… recuerda que sin Pasión no hay Resurrección. Y que la Resurrección de Jesús, que también podemos experimentar, se manifiesta en medio de nuestra debilidad, para que no olvidemos que lo sublime de este amor viene de Dios y no de nosotros (2Co 4,7). Y que lo que puede parecer, hoy, un fracaso, dentro de dos días puede ser otro motivo para alabar y bendecir a Dios.

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