Oriente Medio es un polvorín, y eso es sabido por todos. Irán, Siria, Irak, Líbano… Son muchos los países de esta región que, por desgracia, son noticia cada dos por tres, y no por motivos agradables precisamente.
Como en todo, las causas de estos conflictos no responden a un único motivo. Sin embargo, hay un factor común que los alimenta: las injerencias extranjeras en estos estados.
Ya durante la Guerra Fría vimos como Rusia, sin éxito, se desgastaba tratando de mantener el régimen pro-soviético en Afganistán mientras que Estados Unidos financiaba a los muyahidines, combatientes islámicos fundamentalistas, que más tarde algunas de sus facciones derivarían en Al-Qaeda.
Pero desestabilizar a otros estados con el objetivo de sacar un redito de ello no es algo solo del pasado. De hecho, es algo que está a la orden del día. Y si no se lo creen pregúntenselo a la Libia de Gadafi que, tras intentar crear una moneda panafricana respaldada en el oro, y que podía hacer frente al dólar, Washington maniobró para que eso no saliera adelante. Si no, también pueden preguntarse por qué Estados Unidos comenzó una ofensiva contra Irán en los 2000, justo cuando este país empezó a realizar sus exportaciones en euros en lugar de dólares.
Ahora, el foco mediático está sobre Siria Y ya sé que utilizar el concepto de ‘foco mediático’ en este caso es bastante desafortunado, porque el tratamiento de la prensa sobre lo que está ocurriendo en la tierra de Aram deja mucho que desear.
Y es que, en Siria, hoy, está habiendo una auténtica masacre contra muchas minorías. especialmente contra los cristianos. Y desde los medios, hay un silencio atronador.. Nadie está reportando como está siendo derramada la sangre de tantos mártires.
Hace pocos meses toda la prensa internacional celebraba la caída de Al-Assad, el dictador que había hasta entonces, que pese a sus desaciertos, garantizaba la seguridad de las minorías en Siria. Cuando eso ocurrió, todo el mainstream occidental lo celebró. ¿Y qué celebraban? ¿La caída de un dictador? En realidad, no. Si alguien pretende, ingenuamente, instaurar una democracia en Siria, no debería alegrarse de que un terrorista islámico como Ahmed al-Charaa llegue al poder.
Entonces, ¿por qué todo el mundo celebró la llegada de un terrorista al poder y se hizo un espectacular seguimiento mediático? Pues porque quien acababa de caer era un líder que no quiso hacer un gasoducto como lo quería occidente, sino que prefirió hacerlo a su manera. Además, Al-Assad permitió a Rusia establecer una base militar en Siria, la única que tiene con salida al Mediterráneo, algo que Estados Unidos no puede tolerar. De hecho, esa base militar rusa, situada en el Tartús, es quien ha acogido a centenares de refugiados cristianos y alauitas que huyen del terror.
En medio de este tablero, los cristianos son masacrados brutalmente, mientras vemos a una Unión Europea muda, incapaz de actuar más allá de gestos simbólicos. Una UE que, aunque proclama fundarse en valores cristianos, es la primera en correr para hacerse fotos con un terrorista islámico que ha tomado el control del país, pese a lo que esto pueda significar para tantos inocentes. Si esto lo hace por malicia o ignorancia es una pregunta que les dejo a ustedes contestar. Pero lo que si les digo es que aquí quienes pagan el pato de todo son los mismos.