La Constitución es el problema

Quiero hablarles cara a cara, no sin amor, para decirles que no se dejen engañar: la Constitución es el verdadero problema, un texto legal en el que cabe todo y toda atrocidad.
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Joan García Almeda

No han pasado ni 48 horas desde que se ha terminado el show mediático de la flotilla de Palestina y el gobierno ya ha lanzado otra bomba de humo para que el personal desvíe la atención sobre Begoña Gómez o sobre cualquier problema social que puedan tener ahora mismo los españoles. Esta vez el ejecutivo ha querido mover el foco mediático sobre el aborto y el hecho de blindarlo constitucionalmente. Algo que ya se hizo en Francia, de manera parecida, con los votos favorables, por cierto, de la señora Le Pen.

De momento, aquí en España, no parece que esto vaya a tener recorrido porque para ello se requeriría una mayoría de 2/3 partes de la cámara y parece que PP y Vox no van a votar esa atrocidad. De hecho, Feijóo ya ha salido a decir que eso no se va a producir. Aunque resulta paradójico que en la misma declaración que se niega a introducir el aborto como un «derecho» constitucional, manifiesta que el fatal acto de acabar con la vida del bebé es un derecho de la mujer.

Es decir, que el partido, supuestamente democristiano, que se rasgó las vestiduras en el 85 con la primera ley del aborto de Felipe González, y también lo hizo con la reforma de Zapatero de 2010 ahora cree que el aborto es un derecho de la mujer. Aunque a nadie sorprende esto teniendo en cuenta que tras pasarse la campaña de las elecciones de 2011 prometiendo que iban a derogarla y sacar mayoría absoluta (hecho que les permitía hacerlo) no lo hicieron.

Aunque mi artículo de opinión no tiene como objetivo denunciar los cambios de dirección de la formación azul, sino de criticar a un sector mucho más amplio. Un sector que engloba a casi toda la derecha y parte de la izquierda (esto que ahora llaman «PSOE bueno»). Estas palabras van dirigidas a aquellas personas que se hacen llamar «constitucionalistas».

Quiero hablarles cara a cara, no sin amor, para decirles que no se dejen engañar. Que la Constitución es el verdadero problema. Que en este texto legal que nos impusieron cabe todo y toda atrocidad. En la Constitución del 78 cabe lo que el político quiere que quepa. No hay más que fijarse que el TC llegó a desestimar los recursos de inconstitucionalidad (presentados por el PP) sobre las leyes del aborto. Sí, el tribunal que «garantiza la constitucionalidad de las leyes» vio que era compatible esas leyes atroces con el artículo 15 de la CE donde dice que «todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral».

Yo invito a los que quizá se han dejado engañar con este término que abran los ojos. Que suelten esta etiqueta que arrastran como una pesada losa. Que se den cuenta de que la Constitución es un papel. Y que este papel puede cambiar. De hecho, hemos tenido muchas constituciones. Y lo que importa no es preservar la Constitución, sino España y su bien.

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