Sobre el mundial y los ritos

Por ello, no deja de ser sorprendente que, en plena posmodernidad, cuando la secularización en Occidente ha llegado a máximos históricos, el hombre sea incapaz de despegarse de los ritos. Y buena prueba de ello la vemos minutos antes del comienzo de un partido de fútbol.
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Joan García Almeda

El Mundial empieza a terminarse y la mejor competición deportiva de la historia nos ha dejado momentos apasionantes. Goles impresionantes, porteros desconocidos haciendo historia y selecciones pequeñas eliminando a otras que son tetracampeonas.

Pero, si algo siempre sorprende de estos grandes eventos, es, sin duda, la puesta en escena. Lo extradeportivo. Impresiona ver cómo saltan al campo los jugadores, cómo son recibidos y todo lo que sucede a continuación.

El balón sobre un pedestal, esperando a ser recogido por el árbitro; un pasillo lleno de banderas inclinadas; una música de fondo; la vuelta al círculo central; los himnos sonando y las manos sobre el pecho; sobre el césped, dos banderas de las naciones representadas de tamaño colosal; y el público mostrando sus bufandas. Todo como si fuera una especie de rito.

Y es que el hombre es un ser ritual. Su naturaleza le hace tender al rito, a los hechos o actos concatenados que se repiten. Existen muchos y estamos rodeados de ellos.

Hay rito en el protocolo de una comida y hay rito cuando los padres hacen la bobada del «gender reveal». El rito exige rigor y se utiliza para dar solemnidad a lo importante, a lo que uno considera un momento especial.

Por ello, no deja de ser sorprendente que, en plena posmodernidad, cuando la secularización en Occidente ha llegado a máximos históricos, el hombre sea incapaz de despegarse de los ritos. Y buena prueba de ello la vemos minutos antes del comienzo de un partido de fútbol.

Otro caso claro de ritos civiles a los que estamos acostumbrados es el que se produce en un día de elecciones. El voto con el sobre, la apertura y el cierre de los colegios electorales, la cuenta atrás, el momento de abrir las urnas, el tenso y delicado escrutinio…

Esto solo demuestra una cosa: que el rito va a estar siempre presente en el ser humano porque el ser humano lo necesita para dar importancia a aquello a lo que da valor. Pero lo importante aquí es saber: ¿a qué le da valor?

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