¿Dónde reside la verdadera diversidad?

Del mismo modo que en la Comunidad del Anillo pueden llegar a amarse, en la comunidad cristiana también. Pero, ¿cómo? ¿Cómo se ama a alguien tan distinto? ¿Cómo se ama a alguien que no se soporta? ¿Cómo se ama a alguien que te hace ver cómo eres en realidad? ¿Cómo se ama a alguien a quien no has elegido?
Picture of Joan García Almeda
Joan García Almeda

Estos días, en algunos cines de España, con motivo del 25º aniversario del estreno de la saga El Señor de los Anillos, han vuelto a proyectar la trilogía dirigida por Peter Jackson. Para mayor alegría de los más entusiastas, estos pases han correspondido a las versiones extendidas, lo que ha supuesto casi 12 horas de cinta.

Entre tantas horas de filme, se esconden una infinitud de escenas memorables. Desde la épica frase de Gandalf “corred insensatos” hasta la brutal Batalla de los Campos de Pelennor. En cualquier caso, existe una gran variedad de momentos que han quedado grabados en la memoria del espectador.

Pero estos días, revisualizando las películas hubo una escena, que podría pasar perfectamente desapercibida, que me caló hondo. Y esta es, cuando Éomer después de derrotar a un escuadrón de Uruk-hai, se topa con parte de la comunidad del anillo. En este caso: Aragorn, Legolas y Gimli.

Es en ese momento cuando Éomer lanza, con cierto aire de sorpresa, la siguiente pregunta: “¿Qué asuntos traen a un elfo, a un hombre y a un enano a la Marca?”. Y aunque pueda parecer una simple interlocución, la forma en que está construida la frase parece esconder algo más. Con esa pregunta, parece como si Éomer no quisiera saber quiénes eran esos desconocidos. Tampoco parece expresar una gran inquietud por haberse encontrado con gente extraña, algo que en su mundo a menudo termina en combate.

Más bien, su reacción apunta a otra cosa, quizá sutil, pero que llama la atención de los más despiertos. Lo que le resulta extraño al jinete de Rohan no es que haya tres desconocidos juntos, sino que esos tres desconocidos estén juntos.

Y es que en la Tierra Media conviven un sinfín de razas. Unas que son inmortales, otras que viven bajo túneles, otras que persiguen el poder y otras que desayunan dos veces. En la Tierra Media las razas no suelen convivir entre ellas y muchas guardan enemistades históricas como los elfos y los enanos.

Por eso, Éomer, quizá, se sorprende. ¿Cómo es posible que esos tres estén juntos sin matarse? Y la respuesta está en la Comunidad del Anillo. Es en esa comunidad, con una misión concreta, donde un elfo y un enano pueden ser amigos. Es en esa comunidad donde Gandalf puede dar la vida por los otros. Es en esa comunidad donde se ayudan, sostienen y corrigen los unos a los otros.

Y ahora que el mes de junio ha llegado, un tiempo donde se suele escuchar mucho la palabra diversidad, es interesante recordar dónde reside esta realmente. Pese a que el mundo actual hable mucho de palabras como “heterogeneidad”, “inclusión” o “diferencias”, la gente sigue siendo amigo de sus amigos. Las personas eligen estar cerca de sus iguales: de quienes piensan como ellos, de los que siguen el mismo deporte, de los que votan lo mismo, de los que hablan el mismo idioma…

Pero esto no es nuevo. Ya lo dijo Jesucristo: “Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman”. Y Tolkien también lo anuncia. En la comunidad los extraños se aman. Porque del mismo modo que un hombre y un enano se parecen solo en el negro de sus pupilas, ¿qué tiene que ver una madre viuda con un joven de 16 años?, o ¿un inmigrante recién llegado con un rico? La respuesta es la misma. En nada.

Del mismo modo que en la Comunidad del Anillo pueden llegar a amarse, en la comunidad cristiana también. Pero, ¿cómo? ¿Cómo se ama a alguien tan distinto? ¿Cómo se ama a alguien que no se soporta? ¿Cómo se ama a alguien que te hace ver cómo eres en realidad? ¿Cómo se ama a alguien a quien no has elegido?

Y precisamente, la respuesta no está en la afinidad, ni tampoco en el esfuerzo. La respuesta es en Jesucristo. Él es quien hace posible que personas con distintas heridas, historias y pecados puedan amarse. No porque se parezcan sino porque antes se han sabido amadas por Él.

Te podría interesar

Teología del poder: De Lutero a Trump

Teología del poder: De Lutero a Trump

En las últimas horas Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, ha montado unas de sus habituales rabietas a través de su re...
¿Y la lluvia qué?

¿Y la lluvia qué?

Encerrado en casa, en un día lluvioso, iba yo mendigando a alguna musa un tema de inspiración sobre el que escribir. Las ideas no...
Lo que las pelis  me enseñaron

Lo que las pelis me enseñaron

A pesar de ser de la generación Z, mi quinta tuvo la suerte de disfrutar del mundo analógico, aunque solo fuera de sus últimos co...
El precio de la injerencia extranjera en Oriente Medio

El precio de la injerencia extranjera en Oriente Medio

Oriente Medio es un polvorín, y eso es sabido por todos. Irán, Siria, Irak, Líbano… Son muchos los países de esta región que, por...