El arte dramático de la educación

"Sonará atrevido proponer el perdón y la reconciliación frente al agresor más terrible ya sea sexual, de menores, género, raza, religión…  Sin embargo, sin perdón el alma no reposa."
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Charles Francois Bienvenu Myriel

Educar es un arte dramático. Más que leyes o manuales hace falta un sexto sentido para intuir cómo hacer brillar lo más noble de cada persona. Eso es un arte. Sobre el drama poco he de añadir, basta con preguntar a cualquier maestro que pasa una jornada laboral en el colegio.

En este arte dramático, hay una etapa muy singular caracteriza por el descubrimiento de la justicia. Los niños captan un sentimiento de justicia, de agravio, de derecho (aunque no siempre de obligación), de equidad e igualdad y pocas veces de magnanimidad. Cierto es que esta justicia ha de ser educada y elevada para pasar de la ley de talión a la ley de la restitución. En vez de quedarnos los dos tuertos buscar caminos para restituir y reparar el daño realizado. 

Curioso es como cualquier educador en su aula promocionaría este camino, pero muchos, sin embargo, con su propio hijo la animaría o, incluso, patrocinaría la venganza. Qué lejos nos queda el perdón. Si un hijo no ve como sus padres se perdonan después de discutir ¿cómo aprenderá a hacerlo? 

Vivimos en un mundo en el que, para bien, hay mucha conciencia y consideración con las víctimas, esto es una ganancia. Pero a estas nadie les enseña ni les propone el camino del perdón. Sonará atrevido proponer el perdón y la reconciliación frente al agresor más terrible ya sea sexual, de menores, género, raza, religión…  Sin embargo, sin perdón el alma no reposa. Recuerdo a un sabio del siglo xx «No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón». La guerra y la venganza parecen una victoria a corto plazo, pero resultan en derrota. El perdón, en cambio, parece una derrota, pero es la gran Victoria.

Israel ha pasado de oprimido a opresor. Tiemblo al pensar qué pasará el día que Palestina o Ucrania tengan la capacidad de imponerse. Sueño con un mundo en que la ONU y cia. de vez en cuando predicasen el perdón y le dijesen a la víctima y al agresor aquello de “daos un abrazo y pedíos disculpas” como nos decían a nosotros de pequeños. No cómo si nada hubiese pasado, pues ha pasado la muerte, pero curiosamente en el gran perdón, la muerte ha hallado su aguijón. 

La otra opción, para acabar con un ciclo de violencia es el exterminio del agresor. Pero a mi no me convence.

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