El pastorcillo despistado (IV)
En medio de la noche oscura, Nathan, con un ardor que notaba dentro del pecho, se levantó. En un principio se extrañó, pero el ansia de amor que sentía en aquel momento era más grande que cualquier sentimiento de duda o temor que pudiera haber. Decidido, y viendo que el viejo pastor estaba durmiendo, salió a la aventura.
Sin saber por qué, sin que nadie le guiara, empezó a buscar. Buscaba y buscaba. Recorría los caminos. Parecía que en medio de esa noche tenebrosa viera mejor que nunca.
Saltaba los troncos caídos que barrían el sendero, apartaba las zarzas que impedían su paso, caminaba por encima de los riachuelos sin miedo a mojarse. Por un instante, el frío, junto con la luna, se limitaron a ser testigos de un protagonista que no se rinde frente a ningún obstáculo.
Mientras tan...









