Lo que las pelis me enseñaron
A pesar de ser de la generación Z, mi quinta tuvo la suerte de disfrutar del mundo analógico, aunque solo fuera de sus últimos coletazos. Durante mi infancia, internet aún era algo a lo que acceder a través de un ordenador de sobremesa y los móviles aún servían para llamar.
Otra consecuencia de haber vivido en una época en la que todo lo online parecía extraño es que para ver una película la necesitaba tener físicamente. Es decir, si veía una película era porque había tenido la fortuna de que mis padres me compraran el VHS (o DVD) o que un buen amigo me prestara uno.
El caso es que las películas que veía eran algo limitado. Uno no disponía de un catálogo infinito del cual escoger, sino que veía lo que tenía. Y esto provocó que, como muchos, las viera una y otra vez, aprendiendo ...



