El poder del lenguaje
Corría la década de 1980 cuando en Estados Unidos empezó a escucharse con insistencia un lema que no tardaría en arraigar en el imaginario colectivo como si fuera un mantra moral: «alivio fiscal». La expresión no era nueva, pero en manos del equipo de Ronald Reagan adquirió un poder casi quirúrgico. No hablaban de recortes de impuestos, no decían reducción del gasto público, no apelaban a complejas teorías económicas. Hablaron de alivio. Como si los impuestos fueran una dolencia, una carga injusta que caía sobre los hombros del ciudadano medio y que debía ser aligerada. Y nadie quiere estar enfermo. Nadie quiere cargar con lo que no le corresponde.
Con ese marco, el debate sobre los impuestos dejó de ser una cuestión técnica para convertirse en un combate moral. El ciudadano no debía pa...

