La tentación de lo sublime
Entre pinos y robles, caminos y senderos, ríos y arroyos, cimas y valles, es ahí donde aparecen las montañas. Lugares donde los perfumes huelen a plata y los silencios son oro. Imágenes que uno puede contemplar durante horas sin pestañear. Sitios que valen mucho más que un tesoro.
Y a pesar de esto, los montes son por algunos despreciados. Y sinceramente, no creo que estas personas no sepan apreciar la hermosura de la naturaleza. De hecho, todo lo contrario. El corazón, si no está muy endurecido, se conmueve ante lo bello, lo bueno y lo verdadero. Pero muchos, por frecuentar poco estos lugares, no valoran lo suficiente el don de las montañas.
En el otro extremo, están las personas que divinizan los montes. Son quienes, ante un regalo, se quedan fascinados con el envoltorio y no aprec...









